Andreina es una de las treinta mujeres que participan en las actividades de Apoyo Psicosocial en Zika organizadas por la Cruz Roja Colombiana en la comunidad de Bello Horizonte, en la periferia de la ciudad de Valledupar. Como muchas de ellas, Andreina llega a la casa comunal donde se realiza la actividad, cargando en sus brazos a su hija.

Hablando de su hija, Andreina relata el comienzo de la gestación: “Yo salí embarazada de Sofia en 2015 y era un embarazo totalmente normal. Cuando tenía unas tres semanas de estar embarazada, tuve un fuerte dolor de cabeza, me dio como una alergia y me hospitalizaron. El médico me dijo que era un simple brote, probablemente ocasionado por el medicamento para el dolor de cabeza, y me dijo que todo era normal. Las ecografías, los controles, todo siguió normal.”

Sofia, quien cumplió 2 años en junio de 2018, observa a su alrededor con curiosidad, pero aún no habla. Usualmente, un adulto la lleva en sus brazos o está acomodada en el piso porque no puede caminar. Cuando nació, los médicos detectaron una anomalía en su cabeza y, tras varios exámenes, comunicaron a la familia que la niña tenía microcefalia, ocasionada por el virus Zika.

Un impacto a nivel social, financiero y psicológico

La emergencia de salud pública global por el virus Zika fue declarada en febrero de 2016. Para esa fecha, ya se estaban evidenciando las consecuencias del brote en las Américas. Entre ellas, la microcefalia es probablemente la más visible y la más impactante, generando complicaciones permanentes en la salud del recién nacido, así como secuelas para la familia, en términos de relaciones sociales, salud, y situación financiera.

El impacto psicológico y social es particularmente fuerte para las madres, revela Andreina: “Cuando Sofie nació, al principio yo la mantuve en secreto. Fue algo doloroso. Pero la misma comunidad me ayudó. Me decían: Es tu hija y te la vamos a querer igualito. Es una niña normal y tú tienes que echarle fuerza a tu hija porque si tú te achicopalas ella también se achicopala. Nosotros te ayudamos, nosotros vamos a estar contigo y lo que necesites aquí estamos.”

Andreina puede considerarse afortunada, puesto que en muchos casos las familias con niños con microcefalia, y hasta las personas que contraen el virus Zika u otras enfermedades, se enfrentan con exclusión y estigmatización en su entorno. Sin embargo, la condición de Sofia dificulta la atención que la mamá puede dedicar los demás hijos y a su hogar, y afecta la situación financiera de la familia.

“Por cuidarla a ella, yo no puedo trabajar: hay que estar siempre pendiente de ella, no se puede dejar sola por mucho tiempo y tengo que llevarla todos los días a terapia. En la terapia, me dicen que la estimule en la casa, que le haga masajitos, porque ella es fuerte. Yo la estoy estimulando, para que salga adelante. Además, hay que cuidar mucho el alimento, porque ella no come sólido y hay que licuarle todo, o darle sopa, puré.”

Apoyo, acompañamiento y transformación social

Desde hace más de un año, en la comunidad de Bello Horizonte la Cruz Roja implementa acciones de Apoyo Psicosocial en Zika, dirigidas especialmente a mujeres gestantes y familias de niños con microcefalia. Los voluntarios, la coordinadora del proyecto y las demás participantes han estado dando acompañamiento a Andreina, quien, gracias a la participación en grupos de apoyo y a visita domiciliarias, está recibiendo soporte para cuidar a su hija de la mejor manera y cuidarse ella misma.

Gracias al trabajo de sensibilización de la Cruz Roja Colombiana, Andreina está ahora más informada sobre el Zika y se ha vuelto un actor importante en la replica de mensajes de prevención a nivel comunitario: “Ahora estamos pendientes de que no haya recipientes con agua para que no nos caiga el huevo del mosquito; mantenemos todo limpio, cuidando de que no nos vaya a dar otra vez, a nosotras, y a otros miembros de la casa.”

A otras mujeres que están embarazadas, les doy el consejo de tener el cuidado en la casa, de estar pendiente, sobre todo en invierno, y limpiar su patio, su casa, y usar toldo. Y de no fallar sus controles, de preguntarle más cosas a su médico. Si hay un brote, preguntar sobre el brote. De no dormirse. Porque yo me dormí. Que no vayan a caer en la inocencia en la cual yo caí. Antes de tener a Sofia no estaba informada sobre el Zika, no sabía qué era.” explica.

Sentada en su patio al final del día, repitiendo con Sofia los ejercicios de estimulación temprana aprendidos con la Cruz Roja, Andreina habla de su amor y devoción por Sofia, a pesar de las dificultades. Reflexiona: “Cuando me enteré de que Sofia tenía microcefalia, pensé: ¿Por qué no me avisaron, por qué no me dijeron que ella venía así? Conmigo tuvieron una equivocación, pero fue una equivocación hermosa.” 

 

Esta publicación es posible gracias al generoso apoyo del pueblo estadounidense a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El contenido es responsabilidad de Save the Children y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y no refleja necesariamente las opiniones de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos.

 

Giulia Boo